
Y además - lo recordaba perfectamente -había pobres dichosos.
Pobres que tenían la convicción de ser guiados por Dios, socorridos por su Presencia.
Pobres capaces de amar, pese a las privaciones sufridas, pacientes en las pruebas, ricos de esperanza, fuertes en las adversidades.
Pobres que eran felices porque cada día podían dar testimonio de que Dios estaba presente en su vida y se ocupaba de ellos como de los pajaros que no tiene graneros.
El pensamiento de ser alimentado, vestido y guiado por Dios mismo me exaltaba, y ninguna fuerza en el mundo me habría convencido a cambiar de idea.
Pero las cosas no cambian porque no cambian los corazones.
Cuando un pobre o un agitador se hacia rico, se volvía un prepotente como los ricos y se olvidaba de sus antiguos compañeros de miseria.
Para mi la pobreza era el signo de la liberación, pero de la verdadera liberación, la de los corazones; era el instrumento y el impulso para abandonar el espíritu burgués, que es de todos los tiempos y que se llama egoísmo, prepotencia, orgullo, idolatría, esclavitud.
Había tocado el estupendo vestido de aquella con la que me desposaría para siempre: ¡Dama pobreza!
Su humildisimo rostro era el rostro de todos los pobres que había encontrado y que me habían mirado con dulzura y discreción infinita.
Sus ojo era perlas llenas de lágrimas, pero llenos de un misterio desvelado a muy pocos.
Sus miembros atormentados tenían la transparencia de la luz y eran los únicos verdaderos castos y dignos de abrazar al mismo Jesús.
Su perfume era el perfume de las cosas invisibles que te invitan no al eros de las cosas fáciles sino al ágape de los héroes de espíritu.
Hasta entonces había pensado que la pobreza era la maldición de la tierra, un error espantoso de la creación, una especie de olvido de Dios, un caos inefable que devoraba a los hombres para hacerles sufrir.
¡Ahora veía mas allá!
La maldición no estaba en la pobreza, sino enl a riqueza, en el poder, en lo demasiado que endurecía los corazones y los envenenaba.
No era la pobreza un error de la creación, sino de la ultima pagina, quizá la mas importante, para poner al hombre ante el misterio y obligarlo a buscar a Dios y la donación suprema de si mismo.
No era el olvido de Dios sobre ti, sino el modo autentico, rudo, para excavar en tu profundidad el amor gratuito y la fe desnuda.
Desde aquel momento cesaron mis dudas: la pobreza era el lugar privilegiado de lo divino, la escuela mas alta del verdadero amor, la atracción mas poderosa de la misericordia, el encuentro facilitado con Dios, el modo mas seguro para atravesar esta tierra.
Despose a Dama pobreza con el deseo y desde entonces se acabaron en mi todos los miedos.
Mejor, empezó la verdadera libertad.
Yo, Francisco
"Si no podes hacer el 100%, tenes que ser capaz de hacer el 20% necesario para que no se note no hiciste el 80% restante"
Mi paquete de galletas
Una noche estaba una mujer en un aeropuerto esperando varias horas antes de que partiera su próximo vuelo. Mientras esperaba compró un libro y un paquete de galletas para pasar el tiempo.
Buscó un asiento y se sentó a esperar. Estaba muy absorta leyendo su libro, cuando de repente notó que el joven que se había sentado a su lado estiraba la mano, con mucha frescura agarraba despreocupadamente del paquete de galletas que estaba entre ellos y comenzaba a comérselas, una a una. No queriendo hacer una escena ella trató de ignorarlo.
Un poco molesta la señora comía las galletas y miraba el reloj, mientras que el joven ladrón de galletas, sin vergüenza casi también se las estaba acabando.
La señora se empezó a irritar más y pensó para sí misma:
"Si no fuese yo tan buena y educada, ya le hubiera dejado un moretón en el ojo a este atrevido"
Cada vez que ella comía una galleta, él también comía otra. El diálogo de sus miradas continuó y cuando sólo quedaba una, se preguntó que haría él.
Con suavidad y con una sonrisa nerviosa, el joven alargó la mano, tomó la última galleta, la partió en dos y le ofreció una mitad a la señora mientras él comía la otra mitad.
Ella tomó la media galleta bruscamente de su mano y pensó:
¡Qué hombre más insolente! ¡Qué mal educado! ¡Ni siquiera me dió las gracias!
"Nunca antes había conocido a alguien tan fresco..."
Suspiró con ansias cuando su vuelo fue anunciado. Tomó sus maletas y se dirigió a la puerta de embarque rehusándose a mirar en dirección donde estaba sentado aquel ladrón ingrato.
Después de haber abordado el avión y estar sentada confortablemente, buscó otra vez su libro que ya casi había terminado de leer.
Al buscar su libro dentro su bolsa se quedó totalmente sorprendida cuando encontró su paquete de galletas casi intacto.
"Si mis galletas están aquí, ella pensó muy apesumbrada, las otras eran suyas, y él trató de compartirlas conmigo."
Demasiado tarde para pedirle disculpas al joven, se dió cuenta con mucho pesar, que ella había sido la insolente, la mal educada, la ladrona y no él.
¿Cuantas veces en nuestras vidas, hemos sabido con certeza que algo era de cierta forma, solo para luego descubrir que lo que creíamos era la verdad. . . no lo era?
Cuántas veces la desconfianza instigada en nosotros hace que juzguemos injustamente a otras personas con ideas preconcebidas, muchas veces alejadas de la realidad.
Por eso, pensemos muy bien antes de juzgar a otros. Demos siempre el beneficio de la duda antes de pensar mal de los demás.
El cucharon de plata
Federico vivía en un apartamento con Karla (su mejor amiga y compañera de oficina). Ante los ojos de las familias de Federico y Karla, ellos sólo compartían el apartamento y sus gastos. Jamás, nadie, podría comprobar lo contrario. Una noche Federico invita a su madre a cenar en su apartamento de soltero. Durante la cena la madre no pudo quitar su atención de lo hermosa que era Karla, la compañera de apartamento de su hijo.
Durante mucho tiempo ella había tenido sospechas de que su hijo tenía relación con Karla y al verla, la sospecha no pudo sino acrecentarse. En el transcurso de la velada, mientras veía el modo en que los dos se comportaban, se preguntó si se estarían acostando.
Leyendo el pensamiento de su madre, Federico le dijo: "Mamá, sé lo que estás pensando, pero te aseguro que Karla y yo sólo somos compañeros de apartamento".
Aproximadamente una semana después, Karla le comentó a Federico que desde el día en que su madre vino a cenar no encontraba el cucharón grande de plata para servir la sopa. Federico respondió que, conociendo a su madre, dudaba que ella se lo hubiese llevado, pero que le escribiría una nota y la dejaría en un lugar visible en la casa de su madre, en la puerta del refrigerador. que se sentó y escribió:
"Querida mamá: no estoy diciendo que tú tomaras el cucharón de plata de servir la sopa, pero tampoco estoy diciendo que no lo hicieras, el hecho es que éste ha desaparecido desde que tú viniste a cenar a mi apartamento. Con todo cariño, Federico".
Unos días más tarde, sobre su escritorio, Federico encontró una nota de su madre que decía:
"Querido hijo: no estoy diciendo que te acuestas con Karla pero tampoco estoy diciendo que no lo haces, pero el hecho es que si Karla se acostara en su propia cama ya habría encontrado el cucharón de plata de servir la sopa, puesto que yo lo dejé bajo sus sábanas. Con todo cariño, tú mamá".
Se venden cachorros

Un tendero estaba clavando sobre la puerta de su tienda un letrero que decía "Se venden cachorros". Letreros como ese tienen una atracción especial para los niños pequeños y efectivamente, un niño apareció bajo el letrero del tendero.
- ¿Cuánto cuestan los cachorros? -preguntó. -Entre treinta y cincuenta dólares- respondió el tendero.
El niño metió la mano en su bolsillo y sacó un poco de cambio, -tengo dos dólares con treinta y siete centavos- dijo -¿puedo verlos, por favor? El tendero sonrió y silbó, y de la caseta de los perros salió "Dama", que corrió por el pasillo de la tienda seguida de cinco pequeñitas, diminutas bolas de pelo. Un cachorro se estaba demorando considerablemente. El niño inmediatamente distinguió al cachorro rezagado: ¡era cojo!.
- ¿Qué le pasa a ese perrito?- preguntó. El tendero le explicó que el veterinario había examinado al cachorro y había descubierto que le faltaba una cavidad de la cadera y que cojearía por siempre. Estaría lisiado toda su vida. El niño se entusiasmó.
- Ese es el cachorro que quiero comprar -dijo. -No, tú no quieres comprar ese perrito. Si realmente lo quieres, te lo voy a regalar -dijo el tendero.
El niño se enfadó mucho. Miró al tendero directo a los ojos, y moviendo el dedo replicó: -No quiero que me lo regale. Ese perrito vale exactamente tanto como los otros perros y voy a pagar su precio completo. De hecho, ahorita le voy a dar $ 2,37 dólares y luego 50 centavos al mes hasta terminar de pagarlo. El tendero replicó: -Realmente no quieres comprar este perrito. Nunca va a poder correr , brincar ni jugar contigo como los otros cachorritos.
Al oír esto, el niño se agachó y se enrolló la pierna del pantalón para mostrar una pierna izquierda gravemente torcida, lisiada, sostenida por un gran aparato ortopédico de metal. Miró al tendero y suavemente le respondió: -Bueno, pues yo tampoco corro tan bien que digamos, y el cachorrito va a necesitar a alguien que lo entienda.
Piensa: ¿Habrá veces que pienso como el tendero?
Todo tiene una razon...
Algunas veces las personas llegan a nuestras vidas y rápidamente nos damos cuenta de que ésto pasa porque debe ser así para servir un propósito, para enseñar una lección, para descubrir quienes somos en realidad, para enseñarnos lo que deseamos alcanzar. Tú no sabes quienes son estas personas, pero cuando fijas tus ojos en ellos, sabes y comprendes que ellos afectarán tu vida de una manera profunda.
Algunas veces te pasan cosas que parecen horribles, dolorosas e injustas, pero en realidad entiendes que si no superas estas cosas nunca hubieras realizado tu potencial, tu fuerza, o el poder de tu corazón.
Todo pasa por una razón en la vida. Nada sucede por casualidad o por la suerte; enfermedades, heridas, el amor, momentos perdidos de grandeza o de puras tonterías, todo ocurre para probar los límites de tu alma.
Sin estas pequeñas pruebas la vida sería como una carretera recién pavimentada, suave y lisa. Una carretera directa, sin rumbo a ningún lugar, plana, cómoda y segura, más empañada y sin razón.
La gente que conoces afecta tu vida. Las caídas y los triunfos que tú experimentas crean la persona que eres. Aún se puede aprender de las malas experiencias. Es más, quizás sean las más significativas en nuestras vidas.
Si alguien te hiere, te traiciona o rompe tu corazón, dale las gracias porque te ha enseñado la importancia del perdón, la confianza y a tener más cuidado de a quién le abres tu corazón.
Si alguien te ama, ámalos tú a ellos, no porque ellos te aman, sino porque te han enseñado a amar y a abrir tu corazón y tus ojos a las cosas pequeñas de la vida.
Haz que cada día cuente y aprecia cada momento, además de aprender de todo lo que puedas aprender, porque quizás más adelante no tengas la oportunidad de aprender lo que tienes que aprender de este momento.
Entabla una conversación con gente con quien no hayas dialogado nunca y escúchalos y presta atención.
Permítete enamorarte, liberarte y poner tu vista en un lugar bien alto. Mantén tu cabeza en alto porque tienes todo el derecho de hacerlo. Repítete a ti mismo que eres un individuo magnífico y créelo, si no crees en ti mismo, nadie más lo hará. Crea tu propia vida, encuéntrala y luego vívela.
Ley de atraccion

Todos trabajamos con un poder, una ley.
La manera más simple para mí de ver la ley de atracción
Básicamente, la ley de atracción dice
Nuestro trabajo como humanos es tener en nuestros pensamientos lo que queremos,
Te conviertes en aquello que más piensas
Si lo ves aquí
Agradecer.



