welcome

Yo, Francisco


Y además - lo recordaba perfectamente -había pobres dichosos.
Pobres que tenían la convicción de ser guiados por Dios, socorridos por su Presencia.
Pobres capaces de amar, pese a las privaciones sufridas, pacientes en las pruebas, ricos de esperanza, fuertes en las adversidades.
Pobres que eran felices porque cada día podían dar testimonio de que Dios estaba presente en su vida y se ocupaba de ellos como de los pajaros que no tiene graneros.
El pensamiento de ser alimentado, vestido y guiado por Dios mismo me exaltaba, y ninguna fuerza en el mundo me habría convencido a cambiar de idea.
Pero las cosas no cambian porque no cambian los corazones.
Cuando un pobre o un agitador se hacia rico, se volvía un prepotente como los ricos y se olvidaba de sus antiguos compañeros de miseria.
Para mi la pobreza era el signo de la liberación, pero de la verdadera liberación, la de los corazones; era el instrumento y el impulso para abandonar el espíritu burgués, que es de todos los tiempos y que se llama egoísmo, prepotencia, orgullo, idolatría, esclavitud.
Había tocado el estupendo vestido de aquella con la que me desposaría para siempre: ¡Dama pobreza!
Su humildisimo rostro era el rostro de todos los pobres que había encontrado y que me habían mirado con dulzura y discreción infinita.
Sus ojo era perlas llenas de lágrimas, pero llenos de un misterio desvelado a muy pocos.
Sus miembros atormentados tenían la transparencia de la luz y eran los únicos verdaderos castos y dignos de abrazar al mismo Jesús.
Su perfume era el perfume de las cosas invisibles que te invitan no al eros de las cosas fáciles sino al ágape de los héroes de espíritu.
Hasta entonces había pensado que la pobreza era la maldición de la tierra, un error espantoso de la creación, una especie de olvido de Dios, un caos inefable que devoraba a los hombres para hacerles sufrir.
¡Ahora veía mas allá!
La maldición no estaba en la pobreza, sino enl a riqueza, en el poder, en lo demasiado que endurecía los corazones y los envenenaba.
No era la pobreza un error de la creación, sino de la ultima pagina, quizá la mas importante, para poner al hombre ante el misterio y obligarlo a buscar a Dios y la donación suprema de si mismo.
No era el olvido de Dios sobre ti, sino el modo autentico, rudo, para excavar en tu profundidad el amor gratuito y la fe desnuda.
Desde aquel momento cesaron mis dudas: la pobreza era el lugar privilegiado de lo divino, la escuela mas alta del verdadero amor, la atracción mas poderosa de la misericordia, el encuentro facilitado con Dios, el modo mas seguro para atravesar esta tierra.
Despose a Dama pobreza con el deseo y desde entonces se acabaron en mi todos los miedos.
Mejor, empezó la verdadera libertad.

0 comentarios: